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La dieta mediterránea, ejemplo de una alimentación y nutrición sostenible

La dieta mediterránea apuesta por productos locales y de temporada, por vegetales, pescados y, sobre todo, aceite de oliva. Es deliciosa, sana y sostenible.

La dieta mediterránea no es una simple dieta. Es mucho más que una forma de cocinar los alimentos. Es una filosofía, una forma de vida, un factor de cohesión social y parte de la historia de los países que forman la cuenca del Mare Nostrum. Un tesoro que merece la pena conservar.

En 2013 la propia Unesco reconoció todas las bondades y ese profundo significado de la dieta mediterránea. Por ello, la inscribió en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Un reconocimiento y una llamada de atención para que siga siendo la auténtica protagonista de nuestras cocinas.

¿Qué es la dieta mediterránea?

La dieta mediterránea es un patrón alimentario que se basa en los ingredientes tradicionales de la agricultura de los países bañados por este mar. Una dieta que reduce el consumo de carnes e hidratos de carbono en beneficio de los vegetales y las grasas monoinsaturadas, representadas por ese oro líquido que es el aceite de oliva.

Se consigue así un patrón alimentario con enormes beneficios para la salud: predominio de grasas saludables, una aportación equilibrada de los nutrientes que el organismo necesita y el aporte imprescindible de micronutrientes. Todo ello en forma de recetas tan deliciosas como variadas, llenas de matices que el paladar siempre disfruta.

Esas son las notas distintivas de la dieta mediterránea, pero no las únicas. Además de ello, es una dieta fundamentalmente local y estacional, en la que predominan los alimentos tradicionales de cada región y cada momento de año. Además de ello, es característico el uso de especias y hierbas aromáticas que dan a los platos un sabor único: orégano, pimienta, laurel, tomillo, etc.

También es esencial señalar que, aunque se hable de dieta mediterránea en términos generales, lo cierto es que tiene muchas variantes. Casi tantas como regiones dentro de su área de influencia porque en cada una de ellas los productos locales y la forma de cocinarlos es diferente.

La dieta mediterránea es, por todo ello, un auténtico tesoro. Frente a las prisas y los alimentos procesados del mundo actual, la dieta mediterránea se alza como un modelo nutricional único y una fuente de salud. Pero, además, es una apuesta por la sostenibilidad.

Por qué la dieta mediterránea es sostenible

Son varios los factores por los que se puede considerar a la dieta mediterránea como una dieta sostenible. En primer lugar, porque el uso de ingredientes locales facilita la economía circular, base de la sostenibilidad.

Además, de ello, la huella de carbono que produce en menor. En primer lugar, porque el consumo de productos de temporada implica cultivos al aire libre, con un gasto energético mínimo. En segundo lugar, porque es una dieta con un nivel bajo de alimentos procesados. Y, en tercer lugar, porque esa preferencia por los productos locales rebaja el coste medioambiental que supone el transporte a los mercados.

A ello habría que sumar dos aspectos más. Por un lado, esa relevancia relativa en el consumo de productos cárnicos, teniendo en cuenta el impacto ambiental de la ganadería. Por otro, el predominio de cultivos tradicionales, con cultivos adaptados a la climatología y las condiciones hídricas del terreno.

Finalmente, dentro de ese concepto de sostenibilidad, cabría añadir que en la dieta mediterránea tienen poca cabida los elementos procesados, de manera que el consumo de recursos que implica es mínimo.

Las bases de la dieta mediterránea: alimentos esenciales

Aunque sea variada, la dieta mediterránea tiene unas bases muy claras que se comparten en todos los países de su influencia. Cada una de ellas es esencial y todas son necesarias dentro de este patrón alimenticio único:

El aceite de oliva virgen extra es la grasa elegida tanto para la elaboración de guisos y platos como para la condimentación. Además de su sabor y aromas únicos, es una fuente de ácidos grasos monoinsaturados buenos para la salud cardiovascular.

Predominio del consumo de frutas, verduras y hortalizas, tanto en crudo como cocinadas. Son una fuente inagotable de vitaminas, minerales y fibra. Además, por su elevado contenido en agua, aportan muy pocas calorías.

Frutos secos: almendras, avellanas, nueces, castañas, etc. también son importantes en la dieta mediterránea. Entre sus beneficios cabe destacar que son ricos en antioxidantes, fibra y grasas saludables.

Legumbres: muy propias de la dieta mediterránea, hay infinidad de formas de prepararlas, sin olvidar que son ricas en fibra, en minerales como el hierro o el potasio y que son bajas en grasas.

Cereales (sobre todo integrales): pan y otros alimentos elaborados con ellos son básicos en la dieta mediterránea, puesto que representan un gran aporte de carbohidratos. De hecho, la pasta y el arroz son ingredientes imprescindibles en buena parte del recetario.

Pescado: en la dieta mediterránea tiene más protagonismo que la carne. Sobre todo el pescado azul, puesto que sus grasas son parecidas a las de origen vegetal.

Productos lácteos: en la dieta mediterránea son especialmente representativos los productos elaborados a base de leche fermentada, como el yogur o el queso, con propiedades beneficiosas para la flora intestinal, además de ser ricos en vitaminas y minerales.

¿Qué otros aspectos son clave en la dieta mediterránea?

Los alimentos de la dieta mediterránea no tendrían su enorme valor si las recetas no los emplearan de forma magistral para conseguir platos no solo saludables, sino con todos los nutrientes que el organismo necesita.

Son platos, además, que emplean productos frescos y de temporada, garantizando así todas sus propiedades. Y, en la dieta mediterránea, además, tienen protagonismo los alimentos poco procesados y las ensaladas, mucho más beneficiosos para la salud que otros.

Y, a pesar de lo que podría parecer, la dieta mediterránea es variada y sabrosa, con infinidad de platos para todos los gustos. Sabores, aromas y texturas varían de unas regiones a otras, pero unidos siempre en recetas a veces delicadas y exquisitas a veces contundentes.

Y un aspecto más que hace de la dieta mediterránea un auténtico tesoro: es una dieta económica. La magia está en esa mezcla de ingredientes casi siempre modestos. Ingredientes que, al ser en muchos casos de temporada, tienen un precio asequible, al alcance de todos los bolsillos.

Los beneficios de la dieta mediterránea

Son muchos los estudios que han avalado la infinidad de beneficios que para el organismo tiene la dieta mediterránea. Beneficios a todos los niveles y para todas las personas. La lista podría ser interminable, pero merece la pena destacar especialmente algunos de ellos:

Es una dieta cardiosaludable, gracias al consumo de ácidos grasos monoinsaturados Previene el colesterol alto y la hipertensión.

– La dieta mediterránea es rica en productos con elevado contenido de antioxidantes, por lo que previene el envejecimiento prematuro de las células.

– Al ser rica en fibras, mejora la salud gastrointestinal.

Ayuda a controlar el peso, por esa variedad de platos y por el protagonismo de frutas y verduras.

Reduce el riesgo de padecer diabetes, puesto que es rica en hidratos de carbono complejos y de aceite de oliva, lo que ayuda a regular los niveles de glucosa en sangre.

Ayuda a reducir el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, ya que ayuda al organismo a eliminar residuos y toxinas.

– Reduce el riesgo de padecer párkinson y patologías cerebrovasculares.

Por lo tanto, podría decirse que, en líneas generales, la dieta mediterránea es un gran aliado para elevar la esperanza de vida. Y así se ha comprobado en diferentes investigaciones.

Pero no solo lo es por sus cualidades nutricionales. Esa apuesta por la sostenibilidad también implica beneficios para la salud. No hay que olvidar que las condiciones ambientales son un factor clave en ellas.

Reduciendo la huella de carbono se está mejorando la calidad del aire que respiramos y estamos haciendo un planeta más limpio. Ya postando por los cultivos tradicionales se apuesta por un aprovechamiento más eficiente de los recursos que también repercute positivamente en nuestro entorno.

Un tesoro que merece la pena conservar

La dieta mediterránea se ha trasmitido durante siglos de generación en generación. Es una dieta rica y variada, que se adapta a personas de todas las edades, gustos y condiciones. Un patrón de alimentación que apuesta por los productos de cercanía y de temporada y la economía circular.

No hay, por tanto, excusa posible. Merece la pena que la dieta mediterránea siga siendo la auténtica protagonista de nuestras cocinas y de nuestras mesas. Nuestra salud es lo más importante que tenemos y cuidarla a través de la alimentación es muy sencillo, como se ha hecho desde hace tanto tiempo.

En Aperitivos La Real apostamos por mantener viva la tradición de nuestra maravillosa dieta mediterránea. Por eso, ponemos a tu alcance algunos de esos ingredientes básicos que la hacen tan especial: legumbres, frutos secos, semiconservas de deliciosos pescados acules como la anchoa o el bonito, encurtidos o frutas deshidratadas.

Son todos ellos productos esenciales para dar forma a algunas de las recetas más deliciosas de la dieta mediterránea o para disfrutar de un tentempié muy saludable. Y en Aperitivos La Real cuidamos con esmero la calidad, ofreciendo productos rigurosamente seleccionados para que a tu mesa llegue solo lo mejor.

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